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Posted by on Mar 5, 2017 in Destacado, Microrrelato de una foto | 0 comments

El patio del cartero, no es particular…

El patio del cartero, no es particular…

Mi ruta comenzaba a las 07:12, momento en que fichaba en la oficina de correos y salía con mi carrito amarillo. Debía recorrer las 7 calles completas de aquel distrito 28013 antes de las 11:29 am, límite para acabar la jornada sin penalización en la ruta. Las primeras 5 calles las hacía a paso ligero y casi lanzando cada carta a su buzón sin reparar en su forma, color o destinatario. Si el sobre era demasiado grande lo dejaba fuera del buzón, incumpliendo la norma B34 del reglamento de correos, por no perder ni un segundo de tiempo más del necesario. Pero la calle 6 era el problema…o tal vez no…

Entrar al portal 15 era llegar hasta el patio, hablar con doña Juana, que siempre aprovechaba ese momento para regar las plantas y me insistía en tomar juntos un manchao, como ella lo llamaba. Me lo acercaba por la ventana de su cocina, la primera que se ve llegando al patio. Luego salía su nieta y se me iba otro ratito en jugar con la pequeñuela y competir para ver quién saltaba más veces a la pata coja sin caerse. Para cuando me había derrotado, entraba de la calle el señor Marcelo apoyado en su cachaba con las bolsas del mercado, y me ofrecía dos veces sin éxito para subírselas hasta su casa. A la tercera siempre aceptaba. De vuelta en el patio distribuía en sus buzones el correo y seguía mi ruta. Lo que quedaba lo hacía corriendo y más de una vez dejaba el taco entero de cartas de un portal sobre los buzones incumpliendo de nuevo la B34, pero no quedaba otra. Mientras nadie se quejase, me libraba de la penalización. A las 11:29 fichaba como un reloj suizo, completaba mi jornada en tareas de oficina hasta las 14:30pm y regresaba a casa en el tren.

Al llegar a esa torre de 13 alturas de las afueras donde apenas me cruzaba con nadie en el ascensor o recibía indiferencia ante mi sonrisa al mantener la puerta abierta cuando alguien llegaba corriendo para entrar, pensaba en el patio. En Juana, en su nieta, en Marcelo y en su hija Isabel. En Luisa, la portera que falleció hace más de un mes. En Carlitos, que ahora ha cambiado de turnos en la renfe y no le he vuelto a ver. Y quise poder regresar al patio aunque no fueran las 10…

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